Inventario de las raíces y voces que me habitan (por ahora)


Soy Jacksson Álvarez (#ProfeJacksson), y mi mente opera como un espacio de convergencia, un Think Tank vivo donde la pedagogía, la ética y lo social se entrelazan para desafiar la inercia de nuestro tiempo. Como investigador, educador y profesional de la gerencia, me propongo al escribir, despertar la conciencia de quienes me leen, para promover una transformación social que nazca desde las bases y se sostenga en la dignidad.

Considero que mi marco de pensamiento, mi trinchera intelectual y mi praxis cotidiana se rigen por cinco corrientes fundamentales que he hecho mías. En primer lugar, la biología del amor y la autopoiesis. Considero que es necesario comprender la vida desde la matriz de Humberto Maturana y Francisco Varela. Reconozco a los seres vivos como sistemas autopoiéticos moleculares, en constante creación de sí mismos. Por eso en el aula y en mi accionar cotidiano, fundamento mis reflexiones en el amor, no como un ideal romántico, sino como la disposición biológica e ineludible de aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia. Como yo lo veo, sin este campo ontológico, el acto de educar es imposible.

 
Una segunda corriente es la pedagogía del oprimido y la liberación. Me sumo a la lucha de Paulo Freire y rechazo radicalmente la miseria de la educación bancaria, esa maquinaria que me reduce a un supuesto sabio depositando datos en mentes que asume vacías. Definitivamente mi enfoque es dialógico y estrictamente horizontal. Para mí, educar es enseñar a leer críticamente la realidad para poder decir nuestra propia palabra y escribir nuestra propia historia. Busco, incansablemente, la concientización frente a toda ideología que oprima o mutile el espíritu humano.


Como tercera corriente fundamental tomo al humanismo democrático y el estado docente. Debo señalar aquí a Luis Beltrán Prieto Figueroa, ya que como el, defiendo la educación como el más sagrado de los derechos sociales y una función pública que el Estado y la sociedad no pueden evadir. Mi norte es forjar ciudadanos libres, productivos, con un profundo espíritu democrático, por consiguiente hombres y mujeres que entiendan que la solidaridad y el interés colectivo siempre deben prevalecer sobre la codicia individual.


Un cuarto elemento fundacional entra en mi marco de pensamiento, la ética de la razón cordial. Guiado por los postulados de Adela Cortina, sostengo que no podemos construir ciudadanía desde una racionalidad fría y calculadora. Apuesto por una razón cordial que funda en un mismo crisol la inteligencia y el sentimiento, la compasión y el coraje cívico. Por ello, promuevo una educación que nos enseñe a argumentar desde el diálogo y a estimar los valores que nos dotan de verdadera altura humana.


Por último, una quinta dimensión, el compromiso del intelectual y la conciencia histórica. Cuando escribo, cuando investigo, cuando socializo; asumo la vigilancia del cronopio, tal como lo haría Julio Cortázar. Creo que soy un intelectual exílico y comprometido, implacable ante los abusos del poder e intolerante frente a cualquier dogmatismo que asfixie la libertad, venga de donde venga. Por tanto mi trabajo intelectual busca ser un puente donde la ética y la estética se abrazan; aspiro a que mis textos sean audaces no solo por su contenido, sino por el impacto e innovación de sus formas.


Ahora bien, al referirme a mis directrices como autor y pensador; puedo señalar que me exijo un rigor absoluto. Cuando invoco a mis maestros o cuando el contexto me exija dialogar con Niklas Luhmann, Xavier Zubiri o Edgar Morin, entre otros, me exijo hacerlo con impecable precisión teórica. No hay lugar en mi prosa para la invención vacía ni la alucinación académica, mi respeto por las ideas exige que cada cita y cada paráfrasis sean exactas.


Siguiendo esta radiografía, un poco rebelde, pero mía al fin; debo decir que mi voz es la de un maestro apasionado por sus estudiantes, sobre todo por los de mi Cojedes. Mi voz es la de un crítico social que no voltea la mirada, y la de un escritor (casi que sin lectores), que busca la poesía en la resistencia. Yo si escribo con un tono cordial pero firme, desde la empatía con el dolor ajeno, pero profundamente indignado ante la injusticia. Prefiero transmitir siempre una esperanza, porque estoy convencido de que, si nos organizamos, somos capaces de reinventar este mundo.


Estas son parte de mis raíces, mis herramientas y mi propósito, pero aun queda mucho camino por andar, vida por vivir, experiencias de la que aprender, y definitivamente vamos planteado nuestras propias teorías, entonces el pensamiento puede crecer, transformarse y construir. 


Desde mi ventana, en algún lugar de Cojedes-Venezuela, donde sentimos, pensamos y hacemos.

 

Jacksson J.C. Álvarez Blanco. 

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